Hoy es el día de la madre en Argentina

Como muchos “días de”, este es uno más de esos días en que se invita al consumidor a consumir. Y al observador excluído, a sentirse más afuera, y hasta culpable por no poder regalarle esa felicidad comprada a su madre.
Para homenajear a las madres que no están invitadas a esta fiesta, quiero compartir este relato:

Historia suelta sobre el agua.

Miraña tiene diez hijos, e invariablemente uno en camino. Vive en una de las casas más alejadas de la Colonia, contra las vías del tren que en otro país que se llamaba igual que este, representaba el progreso y hoy es un cadáver grasiento. Un día de calor de los mil demonios la encontramos caminando hacia su ranchito. Iba, por supuesto, con gran parte de su prole a cuestas y un pequeño bidón conteniendo un lodo chirle. Venía de juntar agua para los suyos. Ese barro iba a ser la bebida que hoy compartirían, y quizás su único alimento. Le preguntamos de dónde la acarreaba y nos señaló el camino. La despedimos y seguimos sus indicaciones.
Llegamos a un charco enfangado de poco más de dos metros de largo por uno de ancho. Cualquiera hubiera saltado para no llenarse de légamo. Ese era el manantial de Miraña. Nos quedamos callados, rodeando el barrial, mirando para abajo, en silencio. Comencé a sentir el viento en la oreja, de la manera que sólo lo percibo en los entierros.

Escrita por Javier Castrillo en su libro De la tierra al barro, Relatos sobre nuestras vivencias entre los hermanos Pilagá (2004)

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