La mirada

Planta en gel
Planta en gelConozco algunas personas que no pueden tener plantas.“No las riego”, dicen.

Esta semana compré algo que me encanta, que son unas esferas de gel que se ponen en un recipiente y absorben agua, manteniendo las plantitas con agua durante mucho tiempo. Es decir, se pueden tener plantas casi sin trabajo, aunque, de todas formas…. ¡a las plantas hay que mirarlas! Si no, ¿cómo se sabe cuándo hace falta ponerle nuevamente algo de agua?

Esta pequeña imagen de la persona que no puede tener plantas me despertó una serie de reflexiones. ¿Se trata de alguien que no es capaz de ponerle agua a las plantas? No. Se trata de alguien que tiene la mirada puesta en otra cosa. Es la mirada, ocupar la cabeza en eso que uno quiere cuidar y ver crecer, lo que hace falta para poder tener una plantita.

Entonces recordé que también conozco personas  que no pueden tener una mascota. A veces adoptan un gatito o un perrito y al tiempo lo regalan; no pueden con él. “No me acuerdo de cambiarle las piedritas”, “no tengo ganas de sacar a pasear al perrito”, “no quiero que me rompa nada en casa”. Es que a una mascota hay que mirarla, acariciarla, comunicarse con ella y con eso solo alcanza para ver qué le está faltando: ¿comida? ¿agua? ¿un paseo?

Y claro, esto me hizo reflexionar sobre otras personas, a las que uno los ve lidiando con los hijos de tal manera, que  piensa que si tal vez si estuviera bien visto por la sociedad, los donarían a otra familia o a alguna instiución.

¿Qué les falta a estos padres que no pueden con sus hijos? Otra vez, la mirada. Si toda la vida de unos adultos consiste en conseguir dinero, trabajar, ascender, pagar la casa, el auto, cambiar el celular… los chicos son verdaderamente una molestia. Piden cosas, hay que llevarlos y traerlos al colegio, a cumpleaños, comprarles ropa… y lo peor es que si uno no les presta atención se ponen cada vez más demandantes, cada vez se portan peor en la escuela y en todos lados, porque “quiere llamar la atención”.

Claro que si existiera una especie de licencia para ser padre muy pocas personas podrían obtenerla, pero hay algo mínimo, que va más allá de todos los errores que podemos cometer todas las personas que tenemos hijos. Se trata de que en nuestra vida, nuestra mirada esté puesta en los hijos. Los hijos, desde que nacen y hasta que  no nos soportan más necesitan que tengamos nuestra cabeza puesta en ellos. Que los veamos, que registremos si necesitan cariño, abrigo, conversación, vivencias en familia, y no taparles la boca con la teta, con caramelos, con la indiferencia o con videojuegos y objetos cada vez más caros y ruidosos.

“Calidad y no cantidad” dicen algunos, sin tener idea de lo que esto significa. Calidad significa pensar en las verdaderas necesidades de los chicos. Saber cómo les va en la escuela, reflexionar acerca de la vida, de lo correcto y lo incorrecto, de la solidaridad y los valores, responder sus preguntas, leer con ellos, ocuparse de cuidar su dieta y llevarlos al médico. Verlos, registrarlos. También estar bien uno mismo. A ningún chico lo hace feliz ver una madre deprimida que no tiene vida propia. Ningún extremo es bueno. Ningún abandono, ni de los chicos ni de uno mismo, le hace bien a nadie.

3 thoughts on “La mirada”

  1. Sí, exactamente así me siento yo con todo lo que describís. Amo profundamente a mis hijos y no tolero pensar que ellos crean o sientan lo contrario. Pero encima ser mamá sin papá es muy difícil y absorbente. Cuesta mucho delimitar hasta dónde estar y dejar que estén cerca y alrededor; sucede que puede ser ahogante por muchos momentos y suelo desear verlos crecidos e independientes. Por eso cualquier otra responsabilidad con seres vivos me resulta un pensamiento costoso. Voy a probar con las bolitas éstas a ver si puedo llevar adelante tener una compañía tan sana y linda como una plantita.

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