El lobo feroz 2.0

Cuando yo era chica Caperucita Roja ya había pasado de moda. Los hijos de los 70 no nacimos de un repollo, no nos trajo la cigüeña ni pudimos disfrutar demasiado tiempo de mitos como el del ratón Pérez o Papá Noel. Fuimos hijos de la realidad más cruel, la época en que a los niños había que asustarlos con “una araña, una buena víbora”, como decían los consejos de Les Luthiers.
Hoy en día tenemos un nuevo bosque inexplorado donde los niños pueden perderse. Un nuevo lugar cuyos rincones y riesgos son desconocidos por la enorme mayoría de los padres: la web.
Será por eso que reviven entre los consejos para los pequeños navegantes muchas de las metáforas de hace siglos. Caperucita publicando sus datos en Facebook, Hansel y Gretel solucionando su problema mediante un celular, y brujas, ogros y todo tipo de personaje que muestran que no todo es como lo imaginamos allá afuera.

Aquí voy a publicar algunos materiales interesantes para mostrarles a los chicos, para leer los padres, y para coleccionar los educadores. Y los invito a formar parte del grupo Padres en red en Facebook.

Caperucita roja te da consejos sobre cómo proteger tu privacidad en Facebook (en inglés)
Caperucita publicó sus datos en Facebook y el Lobo Feroz los vio

 

 

4 thoughts on “El lobo feroz 2.0”

  1. Muy interesante y divertido. Buena presentación de los peligros de la red. Yo nací en el 75, y la verdad no me hablaban de arañas y víboras. A mí me amenazaban con el Coco, que al parecer no debía ser el mismo que el de Barrio Sésamo. Me hice un lío con aquéllo…

    1. ¡El “coco”! Por aquí en Argentina estaba “el hombre de la bolsa” (que tiene su origen en un personaje real que llevaba una bolsita y les daba caramelos a las nenas para después secuestrarlas) y después entre los chicos circulaban algunas leyendas como “la llorona” que era una mujer de brazos largos como de 100 metros y pelo largo y lloraba toda la noche… eso me mataba de miedo, no podía dormir cuando hablábamos de eso a la noche (en el campo, donde vivían unos primos, siempre hablábamos de eso antes de ir a dormir, evidentemente era una tortura que nos atraía…)
      Gracias por tu comentario, Imanol.

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