Hace poco vi Matrix (sí, hace un par de semanas nomás) y cuando vi la manera en que les enseñaban comenté: “¡Nos quedamos sin trabajo los docentes!”
Hoy leo en El Caparazón:
Lo vimos en Matrix, creo que lo vimos también en Avatar y es típico de varias películas de ciencia ficción: ¿Podríamos aprender cosas nuevas sin ejercer un esfuerzo consciente?
Es posible ya aplicar estímulos a zonas motoras del cerebro para levantar, involuntariamente, una mano, pero parece que el escenario ante el que sería posible inducir el aprendizaje, evolución mucho más sofisticada de lo primero, también lo podría ser pronto.
Volví a pensar en que nos quedábamos sin trabajo, pero inmediatamente recordé la complejidad del trabajo docente y dejé los clasificados…
La tarea docente no consiste en transmitir información, y la escuela ya no es la institución donde las nuevas generaciones reciben el acervo cultural de las generaciones más antiguas…
La escuela, ya desde la Revolución Industrial, tiene el objetivo de enseñarles a los futuros trabajadores todo el contenido del famoso curriculum oculto: levantarse temprano, convivir en un grupo, obedecer a una autoridad, esperar el turno (de hablar, de ir al baño, de ir al recreo…).
La escuela es el lugar donde los chicos se sociabilizan, aprenden sobre la convivencia con sus coetáneos, sobre el trabajo en equipo, la resolución de problemas y situaciones cotidianas utilizando todas las herramientas a su alcance.
Y fundamentalmente, desde los 45 días de vida hasta que puedan salir a trabajar, la escuela es el complemento fundamental para la sociedad actual en que las madres trabajamos y los padres… no dejaron de trabajar.
Creo que puedo dormir tranquila. Mi futuro está asegurado.















